La boquilla en la trompa, por Arturo Nogués
Los instrumentistas tenemos gran cantidad de variables externas que influyen en una parte importante del resultado de nuestra interpretación, y cuando alguien tiene afán de superación y le gusta estar cerca de lo inmejorable, piensa en todos los elementos que le pueden ayudar y se rompe la cabeza para sacar el máximo partido de todos ellos. Este es el tema, que hacer para seguir un camino correcto y no dar palos de ciego.
Uno de los elementos que influyen en nuestra ejecución y en nuestra felicidad como interprete es la boquilla. Este es el elemento donde se desarrollará nuestra técnica, y dependiendo de que sea la adecuada, nos proporcionara más o menos facilidad o felicidad, ya que un proceso fácil y de calidad nos da la sensación de felicidad.

Algunos trompistas, de forma consciente o inconsciente, tienen un sistema u organización de su trabajo y de su técnica que les ha permitido tocar siempre con la misma boquilla. En el otro lado están los que siempre están buscando esa boquilla que les de la felicidad. (estos son los mas) -Este hecho, nos suele hacer pensar que los que no cambian de boquilla son afortunados, ya que han acertado pronto con lo que otros tardan años en encontrar- .
Sabemos que en los inicios es donde se suelen crear todos los roles a los que nos prestamos en posteriores etapas, pues empecemos a hablar en esta etapa.
Un niño de 8, 9 o 10 años empieza tocando con una boquilla con un diámetro estudiado para un adulto con una estructura ósea y muscular mucho más grande. Esto produce que el niño o niña se habitúe a un diámetro de boquilla que poco a poco va cambiando según van creciendo y lógicamente esa boquilla que era buena en un principio, según pasa el tiempo, se va quedando pequeña. Como prevención es apropiado empezar con boquillas pequeñas y poco a poco adecuarlas a lo que sea más cómodo y eficaz. Este proceso produce que algunos estudiantes se encuentren cada vez más cómodos con su boquilla y otros cada vez menos cómodos, marcando sus costumbres para etapas posteriores.
Dejando este tema para profundizar en otras ocasiones, nos centraremos en esa etapa en la que no se tiene claro que tipo de boquilla nos funcionara mejor, y buscamos sin un criterio razonado.
Criterios para le elección de nuestra boquilla:
El solista de una famosa orquesta toca con la boquilla XX, y ¡¡seguro que suena muy bien!!
Muchos se basan en las opciones que utilizan grandes profesionales, sin razonar correctamente lo que es más valido para su forma física y facultades. Está claro que estos grandes músicos utilizan instrumentos y boquillas de gran calidad, pero no tiene por qué ser lo más adecuado para todos ya que nuestra facilidad estará en el punto justo para que nuestros labios y nuestros músculos funcionen fácilmente y sin ningún sobreesfuerzo.
¿Cuál será la preferencia para elegir una boquilla?
¿Que suene bien?, ¿Que sea fácil?, ¿Qué sea fácil la emisión?, ¿Que el agudo no cueste?, Etc. Etc.
Sobretodo felicidad y facilidad, teniendo claro que la característica del sonido suele cambiar, (cada boquilla tiene su sonido característico pero es un detalle que se suma a nuestra característica personal del sonido) ya que cuando se utilice esta boquilla durante varios días intensos en estudio, este, el sonido, variara para teñirse con nuestra característica personal. Este proceso hace colocar en un segundo lugar el sonido en una boquilla.
¿Color del sonido o facilidad?
Hay muchos elementos que influyen en el color del sonido, se empieza por la formación, o sea por la respiración, vibración de los labios, boquilla, instrumento, y termina con la colocación de la mano y la acústica de la sala. Todo esto tiene que hacernos pensar que una boquilla con un sonido estrecho y brillante que es muy fácil y flexible, se puede variar su característica lo suficiente como para ser válida.
Facilidad, agilidad, flexibilidad y seguridad.
A mi entender una boquilla debe de dar mucha seguridad, con todo lo que abarca esta palabra. Por ejemplo: no concibo una boquilla que suene bien pero que no sea fácil para formar las emisiones en todo el rango dinámico. Está claro que no existe la boquilla idónea, pero hay que descartar todo lo que cuesta de hacer sonar.
Sin apartar esta idea, no está mal tomar una boquilla muy diferente a lo que utilizamos normalmente y darle dos días de trabajo, para no estar sujeto a la costumbre, y después de esto probar de nuevo aquellas boquillas que no nos funcionan bien y observar las sensaciones. -Existe el peligro de que al estar habituado a un diámetro de boquilla, desechemos los otros diámetros por no estar acostumbrados a su sensación-.
¿Más o menos diámetro de aro?
Tendríamos que tener en cuenta que todos los diámetros de una boquilla están directamente relacionados con el resto de medidas, por lo que por ejemplo una boquilla más grande de diámetro de aro, pero con una copa con menos cubicaje (más pequeña), puede dar la sensación de más pequeña, e incluso la misma boquilla pero con el tudel más grande, nos puede dar la sensación de enorme en comparación.
Más adelante os comentaré más temas sobre nuestro talón de Aquiles (la boquilla) que es un mundo complicado y muy, muy extenso con el que tendremos que estar mucho tiempo para poder razonar que es lo que mejor nos funciona.

Arturo Nogués
(Trompa solista de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceu de Barcelona)
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